Re: carne de morcillo con nostalgiaPerdon por el atrevimiento, pero me he acordado de este mensaje que mandaste
alla por el verano del año 2000 y no me he podido resistir a copiar y pegar.
Un saludo
---------------------------------
Eramos una decena larga apostados frente a la vitrina de la carnicería,
vigilando el
avance del número luminoso sobre nuestras cabezas como miran al cielo los
santos que
pintaba El Greco. Más que para comprar carne, diríase que estábamos posando
para el
"Pentecostés" del genial toledano.
- Veintitrés...?
- Bingo! - y exhibo triunfante la pequeña etiqueta de papel que me confiere
el privilegio de
ser atendido antes que mis competidores. La respuesta genial hubiera sido
"Han cantado
bingo... ¿algún otro bingo?", pero la rolliza dependienta no está para
sutilezas y me
espeta...
- Usted dirá, caballero.
- Me pone una loncha de jarrete.
- ¿Perdón? -y adelanta sus carnes (las puestas, claro) sobre el mostrador
hasta lograr que
el ángulo compense la escasez de talla.
- Perdonada. Un corte de ja-rre-te medianito, por favor. -silabeo.
Cara de no entender nada. A mi diestra una señora con el florido pensil
estampado por
toda su blusa tercia -"Esto"- y señala una bandeja con trozos de carne
fasciculada en torno
a un tronco óseo. Asiento y señalo a mi vez -"Eso"-. La dependienta balancea
su volumen y
atisba al punto señalado.
- Eso es "ossobuco", señor. - y a mi siniestra menea la cabeza
afirmativamente una señorita
con poca camiseta para tanto sujetador y éste a su vez insuficiente para
contener el tejido
mamario que subyace.
- Eso será si yo quiero -respondo complaciente pero no puedo evitar que las
miradas
converjan -"qué desfachatez"- sobre mí. Convengo en que la construcción de
la frase no suena
acertada, y sin embargo, ahora que la veo escrita, refrendo que era la más
correcta. Aún así
decidí explicarme toda vez que la embatada gordita había empuñado su
cuchillo reglamentario
(pese a que la pieza de carne solicitada ya estaba correctamente sajada).
- El osso buco -y va separado- es una receta, un plato completo que se
prepara con esa
gruesa loncha de corvejón de res cortada transversalmente y que en el
despiece es conocida
como "culata de contra" y ya de tan antiguo como lo es el Libro del Buen
Amor se denomina
popularmente "jarrete" o "charrete". Así pues, ese trozo de carne será "osso
buco" si así lo
cocino, pero "jarrete" a secas si lo meto en un puchero, como tenía pensado
hacer.
La andanada de pedantería cumple su objetivo: "Miss Peggy" relaja el
brazo armado, la
pechugona abate su mandíbula inferior un par de centímetros y la madura
floriblusada -con
más mundo- reacciona y me aborda sin reparos:
- ¿Cómo dice usted que es esa receta?
- El osso buco tradicional es una receta milanesa (de los tiempos en que el
Milanesado tenía
mayor peso político que deportivo) y consiste básicamente en estofar las
piezas -una por
comensal- en un sofrito de cebolla, apio y zanahoria, dejando reducir
largamente con vinto
blanco seco. Pero sobre esa línea básica hay diversas variantes...
- ¿Cuántas le pongo, caballero? -introduce la carnicera que se ha
desentendido del corrillo.
- Póngame una sola, como de medio kilo, por favor.
Entiendo que mi inesperado público ha olvidado que afirmé destinar mi
compra a
cumplimentar un pot-au-feu. Así la más jóven reduce a proposiciones lógicas
las frases
"póngame una sola" y "una por comensal", y recompone sin disimulo la
arquitectura de su
canalillo en tanto la señora no permite que mi mirada bucee en ese pozo e
insiste en su
interrogatorio.
- ¿Y usted qué variante va a usar?
- Habitualmente adiciono un tomate triturado -igualmente por persona-, una
anchoa en aceite,
y algo de perejil.
- Pero, disculpe, -interrumpe una abuela que permite por un momento que
Jonathan Nicolás le
saque un ojo a Ydaira Candelaria- ¿la carne cómo va?
- Vamos a ver, la carne entera y salpimentada se dora un momento en oliva no
muy caliente en
cazuela, cuidando de que no se pegue (para lo cual puede ayudar enharinarla
previamente), y
ahí mismo se le añade dos o tres ajos pelados, una cebolla, unas zanahorias
y un apio, todo
en juliana fina.
- 525 gramos... ¿está bien así? -la oronda se refería a mi trozo de
jarrete...
- Sí, perfecto... ahora me pone medio de magro de cerdo.
- ¿Y se fríe todo junto? - me pregunta/relame la de la cordillera torácica.
- Sí, pero a fuego muy bajito, -respondo conteniendo el vértigo sobre el
Cañón del Colorado-
y después se recubre de oloroso seco (uno o dos vasos) y se va dejando
reducir durante una
hora.
- ¿Una hora? - se espanta la abuela que no logra acallar el berreo de la
menor de las
criaturas a su cargo.
- Exacto, y a medio camino se le añade el tomate (triturado y sin semillas),
las anchoas y
el perejil. Volteando alguna vez procurando que no se seque... No, nada
más -indico ahora a
la dependienta que me tiende las bolsas, mientras ella vocea el turno:
- Veinticuatro...
- Huy, yo, -dice la vieja mientras controla de vista la nueva fechoría de
Jonathan...
- ¿Pero se sirve así solo? -inquiere ahora la del floripondio textil.
- La carne se aparta y la salsa se tritura y cuela con un chino extendiendo
sobre los
círculos cárnicos. Luego se acompaña con arroz blanco o mejor aún spaghetti
"con burro" (o
sea, con mantequilla).
- ¿Por qué se llama osso buco? -me pregunta la muchacha clavando en mi
pupila su pupila
azul.
- En italiano: "hueso con agujero" en referencia al hueco que en el hueso de
caña deja el
tuétano que -obligatoriamente- debe ser succionado sin desperdicio ni
verguenza por cada uno
de los comientes.
- Mmmhh -y abomba los labios demostrando su inveterada capacidad
"succionadora".
- Veinticinco...!
- Yo - pero repentinamente pierde todo interés por mis carnes -receta, digo-
y se centra en
las suyas -compra, aclaro-.
- ¿Y para beber? -remata aún la de la blusa primaveral cuando inicio la
marcha de mi
carrito.
- Por esta vez Lambrusco, rosso, dolce, freddo, frizzante.
Un Amigo
Miguel A. Román
cf...@correo.rcanaria,es